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Esta privilegiada zona tiene un valor en sí y también en cuanto que posibilita con pequeños desplazamientos visitar una gran variedad de paisajes y culturas. Así si visitamos Cáparra quedaremos sorprendidos por su hermoso arco cuadrifronte de época romana; si subimos al templo de las piedras labradas, en Jarilla, nos sorprenderá encontrarnos con un minúsculo templo y en sus inmediaciones una gran cantidad de aras anepígrafas, vestigios de antiguos cultos. Si buscamos parajes naturales, los distintos valles que confortan Las Hurdes nos cautivaran con el primitivismo de sus construcciones. Si por fortuna llegamos al Valle del Jerte en época adecuada podremos asistir a un espectáculo natural sin parangón deleitándonos con el cerezo en flor. La Sierra de Gata esconde pueblos auténticos marcados por la cercanía a Portugal. No se agotan con la arqueología y los paisajes la oferta que la zona nos brinda; si visitamos Plasencia quedaremos sorprendidos por su rico patrimonio; en él destaca la Catedral , que consta de dos partes bien diferenciadas: la Vieja y la Nueva; ésta última consta de cabecera, crucero y un tramo de nave que data del siglo XV, fue proyectada por Enrique Egas. Hay que destacar la portada renacentista de la sacristía y los brazos del crucero. De la catedral vieja se conservan restos en los pies del edificio. Visitada la ciudad y como final de nuestro periplo podríamos acercarnos a los dulces paisajes de la trasierra, a la Vera, que comparte con nuestra zona muchas señas de identidad comunes.
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